PERÚ: ¿SOMOS UN ESTADO FALLIDO?
¿Qué es un Estado Fallido? Sería la pregunta de entrada, pues un Estado Fallido es aquel que ha perdido el control efectivo sobre su territorio, no puede proporcionar servicios básicos a su población, carece de legitimidad ante sus ciudadanos y es incapaz de mantener el orden público. Según el Índice de Estados Frágiles (FSI, por sus siglas en inglés), los Estados fallidos suelen presentar altos niveles de corrupción, desigualdad económica, violencia y desintegración social. Estas características, podemos describirlos rápidamente y nos podrían conducir a afirmar dicha condición; así, por ejemplo:
1. Cada año la corrupción en el Perú viene ocasionado pérdidas por un aproximado de 25 mil millones de soles, mientras la pobreza y la desigualdad aumenta, y no se hace nada al respecto desde el Estado.
2. Todos los años hay incendios forestales, caída de huaycos o heladas, y sabemos que el próximo año ocurrirá nuevamente, y NO se hace nada al respecto desde el gobierno nacional y los sub nacionales.
3. La inseguridad ciudadana aumenta, en el año 2024 hubo 16 mil casos de extorsión y se documentaron 1,843 homicidios, de los cuales el sicariato constituyó un delito significativo con 522 casos, y en lo que va del 2025 hay 469 homicidios; y sigue creciendo sin que se haga nada desde el Estado.
4. Un Congreso que hace un conjunto de Leyes Pro Crimen para favorecer a sus líderes y partidos, y de paso a la criminalidad callejera; y encima se ponen más presupuesto anual (1,412 millones) que muchas regiones del país; sin que las instituciones del Estado hagan nada.
5. Tenemos debilidad institucional e ilegitimidad de los principales poderes institucionales, tanto así que el Ejecutivo y el Legislativo tienen un nivel de desaprobación de más del 95%, que, gracias al apoyo de las FFAA y Policía, se mantienen en el poder; mientras las protestas son reprimidas o terruqueadas, asesinando gente inocente; y no hay culpables al respecto.
6. Se da comer a los niños de las escuelas, a través de programas sociales, alimentos enlatados con carne de burro; y hasta ahora no se sanciona a los culpables; se toman instituciones como el Tribunal Constitucional, Defensoría del Pueblo, Jurado Nacional de Elecciones, Junta Nacional de Justicia; etc para favoreces intereses y privilegios de los que ostentan el poder; y desde el Estado, bien gracias.
7. Se caen techos de centros comerciales matando inocentes ciudadanos, se construye un moderno aeropuerto sin vías de acceso, se caen puentes y se destruyen carreteras por las lluvias, y desde el Estado y sus gobiernos sub nacionales, no hay un solo plan de contingencia para hacerlos frente el año subsiguiente.
¡LAMENTABLE VERDAD! Prosigamos, en el Perú se ha
experimentado una notable inestabilidad
política en la última década. Desde 2016, hemos tenido múltiples
presidentes, muchos de los cuales han enfrentado acusaciones de corrupción o
han sido destituidos por el Congreso. Esta rotación constante de líderes ha debilitado la capacidad del Estado
para implementar políticas a largo plazo, ha generado desconfianza en las instituciones
gubernamentales y ha llevado a una parálisis en la toma de decisiones y la
implementación de reformas.
La corrupción
es uno de los mayores desafíos que enfrentamos, escándalos como el de
Odebrecht, que involucró a altos funcionarios y expresidentes, han expuesto la
penetración de prácticas corruptas en todos los niveles del gobierno. Esta
corrupción no solo ha erosionado la confianza de los ciudadanos en sus
instituciones, sino que también ha
desviado recursos que podrían haberse utilizado para mejorar la
infraestructura, la educación y la salud. La debilidad de las instituciones
peruanas es otro factor preocupante. La inoperancia del sistema judicial y las
fuerzas del orden, manchadas por la corrupción, suman a esta debacle.
A pesar de que somos una de las economías más
dinámicas de América Latina, seguimos siendo un país marcado por la desigualdad. Las brechas entre las zonas
urbanas y rurales son significativas, y muchas comunidades indígenas y
campesinas continúan enfrentando exclusión
y marginación. La pandemia de COVID-19 exacerbó estas desigualdades, revelando las deficiencias del sistema de
salud y la falta de preparación del gobierno para manejar una crisis de
esta magnitud.
Todo eso nos hace preguntarnos: ¿Somos
un Estado Fallido? Si bien enfrentamos grandes desafíos y brechas por
cerrar, quizás no estamos al nivel POR
AHORA, de países como Somalia o Yemen, que han perdido el control efectivo
de gran parte de su territorio, pero viendo lo que está ocurriendo en el país
podemos manifestar que ESTAMOS CAMINO
HACIA ELLO, porque esa combinación de inestabilidad política, corrupción, criminalidad,
desigualdad, pobreza y debilidad institucional sugiere que nuestro país se
encuentra en una situación precaria, y si no se abordan estos problemas de
manera efectiva, nuestro país podría
acercarse cada vez más a las características de un ESTADO FALLIDO.
Solo a través de un esfuerzo colectivo y sostenido, podríamos superar estas crisis actuales y construir un futuro más próspero y equitativo para todos sus ciudadanos, pero NO con estos “políticos” y sus partidos que están actualmente en el poder (Ejecutivo, Legislativo y Gobiernos Sub Nacionales), ya que están completamente DESCALIFICADOS para anhelar y superar los problemas y la crisis coyuntural que nos agobia día a día. Las próximas elecciones será el PUNTO DE QUIEBRE, o bien seguimos con esta semejante miasma política que nos ha llevado al UMBRAL DE UN ESTADO FALLIDO, o elegimos nuestro futuro con esperanzas.