LA IZQUIERDA PERUANA Y SU UTOPÍA DE ARTICULACIÓN
¡SOY DE
IZQUIERDA!, porque nací en un seno
sindicalista. Desde muy niño, mi padre me enseño la “lucha” en la calles, la
lucha por la justicia y la igualdad.
Sutepista él, combatía en la época de los 70 y 80 junto con los maestros
amazonenses, reivindicando los derechos de los profesores; bajo el manto ideológico de la Izquierda Unida
(IU). Yo estaba allí, junto a mi padre, en las calles, apoyándole con mis
gritos de infante, con mi sombrero de paja que decía SUTEP-IU, enarbolando las
demandas justas de un sector que históricamente
vivió marginado; aprendiendo los sinsabores de un Estado desigual y oprimente. Conociendo y formándome en la calles,
aprendiendo de los maestros con la ideología de izquierdistas que ahora son una
utopía. ¡Alfonso Barrantes y Horacio
Zeballos, lamentablemente ya no están más con nosotros!
El panorama
actual de la izquierda peruana es preocupante
y lúgubre, y esto deviene desde hace dos décadas. Vivimos marginados de la
política peruana, envidiable y muy diferente a otros países como Brasil, Chile,
Bolivia, Ecuador o Argentina donde sus
izquierdas hasta ponen Presidentes. Estamos encapsulados en divisionismos innecesarios y sin sentido,
donde aparecen “grupitos” con líderes ficticios sin ninguna relevancia
política, menos constructores o formadores
de ideología o política de masas; que han convertido a la izquierda en un
“fantasma” que ahuyenta seguidores. En una izquierda que se ha “desenchufado”
con los sectores más vulnerables, con el pueblo en general.
La izquierda ya
no es más esa poderosa maquinaria
política que batallaba democráticamente el sillón presidencial junto a las
masas sociales, ya no es la izquierda con alcaldes o autoridades en los pueblos
y departamentos elegidos mayoritariamente. Ahora la izquierda peruana, está abajo, en el sótano, luchando
algunos puntitos de aprobación con “aventureros” de la política como Mauricio
Diez Canseco (Brad Pizza), Urrestí o Humberto Lay.
El peor error de
la izquierda peruana fue haberse dejado
“despojar” al pueblo. La derecha nos arrebató y hoy, en su gran mayoría, apoyan
a un partido que nació de un “incidente”
de la historia política como el fujimorismo, que apareció repentinamente;
sin luchas, sin ideología, sin estructura, sin identidad. Que convirtió a la dictadura como un paradigma
de democracia (que tal contrariedad), y que sus líderes como Montesinos,
Martha Chávez o Keiko se convirtieron repentinamente en “políticos” del pueblo,
sin siquiera haber tenido méritos suficientes como los pensadores de antaño de
nuestra izquierda peruana. Unos
“aparecidos” que hoy nos quieren dar catedra de política, democracia y
anticorrupción, que paradójica es la política peruana. ¡Mariátegui, no
querrás haber nacido en nuestra época si escucharas hablar en el Congreso a un
tal Becerril, Gago o un Kenji Fujimori!
Justamente, fue el fujimorismo quien “debilitó” a la
izquierda; pero creo que el actual “fantasmal” camino de nuestra izquierda
peruana es consecuencia de los
divisionismos internos donde cada grupo con su “líder/lideresa”, quiere
sacar provecho particular, quieren ser
presidenciables. No creo que el fujimorismo y su gente hayan tenido la
capacidad para destruirnos, no tenían la
“materia gris” necesaria para hacerlo. Nosotros mismos nos estamos
destruyendo, nos hemos ido destruyendo estos últimos 25 años. ¡Hemos perdido al pueblo!
Dos aspectos indispensables
se tienen que construir desde la actual izquierda peruana. Primero, dejar de lado las ambiciones particulares y
formar un solo frente político. Que la articulación no nos sea una utopía,
porque estos divisionismos, cual banquete, “alimentan” a los grupos de derecha
con toda su “maquinaria concentrada” de medios de
comunicación. Segundo e indispensable, es “enamorar”
nuevamente al pueblo, buscando el apoyo de la población vulnerable como
asentamientos urbanos, comunidades campesinas y amazónicas, gremios sindicales,
organizaciones comunales e indígenas, rondas campesinas, etc.
Nuestra lucha no
es más contra el “bloque capitalista del
norte” o la inversión extranjera, nuestro horizonte debería ser la batalla por una sociedad de equidad, un
Estado redistributivo en un país que tiene las mayores tasas de crecimiento
económico en Latinoamérica. La izquierda tiene que proponer políticas para disminuir la pobreza, anemia y
desnutrición; políticas colectivas contra la inseguridad ciudadana; reactivar
los derechos de los sectores agropecuarios; inclusión efectiva de las
poblaciones vulnerables del ande y la Amazonía; inversión extranjera con
responsabilidad ambiental e igualdad social; acceso universal a los servicios
básicos como agua, desagüe y luz; lucha contra la corrupción con vigilancia
ciudadana; entre muchas otras propuestas.
Tenemos un gran
desafío y eso es impedir que la derecha
nos siga arrebatando al pueblo y “vendiéndolo” propuestas netamente
sociales que hace muchos años fueron
construidas y esgrimidas por los luchadores y pensadores de izquierda. No
dejemos que se apropien de nuestros sueños y esperanzas. Empoderemos entre los
pueblos la identidad de la “nueva
izquierda” con sangre joven, pero no como las/los actuales personajes que
por intereses particulares (dícese presidenciables) dividen aún más a una izquierda resquebrajada, alejándolo de las
masas sociales. ¡Repuntemos nuevamente como antaño!
Mi padre Marino
Torrejón, fue cesado injustamente en los años 80 por encabezar en las calles
las marchas de los maestros. Desde niño sufrí
y aprendí los avatares de las luchas sindicales, pero también gocé de las apoteósicas batallas de la
izquierda peruana. Mi padre y los maestros me enseñaron a ser izquierdista, a ser igualitario. Todavía
guardo celosamente mi sombrerito de paja
con un escrito que indica SUTEP-IU, leal acompañante que me impulsaba alzar el
puño izquierdo: señal de la verdadera izquierda peruana. Ese sombrero todavía
me da esperanzas para refundar ese sueño
de la nueva izquierda que tod@s ansiamos.
“La izquierda
unida, jamás será vencida”
2 comentarios:
Mi estimado Elmer Antonio
Muy interesante y reflexivo artículo de principio a fin. Me hace volver a mis épocas maravillosas de estudiante de los primeros años de Universidad, cuando vivias en pensión, comías en la "muerte lenta" y te enfrentabas a la verdadera realidad de los pocos que tienen mucho y de las grandes mayorías a los que los falta todo. Era la época de las huelgas de estudiantes con el Cogobierno Estudiantil, que peleabamos por llegar a la Plaza del Congreso y la aparición del "rochabus" de Esparza Zañartu..., de los mítines en el histórico patio de Derecho de San Marcos y los discursos de Carlos Enrique Melgar y de Luis De la Puente Uceda, para años más tarde tener una experiencia inolvidable con el líder Horacio Zeballos del SUTEP. Hay muchas historias y anécdotas que están palpitantes en el baúl de mis recuerdos.
Gracias Dr. Reina por su comentario, sin duda es un artículo que nos traslada a la historia de muchos pasajes de nuestras vidas y me alegra que a través de ella recuerde la suya.
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