lunes, 9 de marzo de 2026

 EL “RACRACHO AZUL” Y MIS AMIGOS DEL COLEGIO BLAS VALERA


Estudiaba en el Colegio Blas Valera en Lámud, Amazonas; pero vivía en Luya a 5 km de Lámud. Por la carretera que nos llevaba a Lámud, al colegio, a veces iba en mi bicicleta y otras veces caminando. Íbamos al Blas Valera con mis grandes amigos de Luya, era un manchón de muchachos y señoritas; estábamos yo, mi hermano, el Pashcarillo, la Rata, el Cachimbas, el Nicovita, la Misha, etc; un grupazo de luyanos.

Caminábamos riéndonos y contando historias, a veces en plena lluvia, otras veces con fuerte sol. Íbamos oliendo los árboles, los choclos, las plantas silvestres; acompañados por nuestras risas, conversas y el sonido del río y el canto de los pichuchos. Era el MISMO PARAÍSO que recorríamos.

Algunas veces subíamos a una casita de arriba a tomarnos una jarrita de chicha, es que la caminata bajo un fuerte sol era agotadora. RECUERDEN: antes teníamos doble horario y caminábamos como 4 veces ida y vuelta al día, aproximadamente 20 kilómetros. Sin contar que, por las noches, íbamos caminando a Lámud a visitar a nuestras enamoradas.

De pronto escuchaba: “Pulga, el “racracho azul” ya viene, alista tus piernas para correr” me exclamaba el Pashcarillo. El “racracho azul” era el único microbús de servicio público que nos trasladaba a Chachapoyas. Los muchachos de siempre, nos empezábamos a preparar, amarrábamos bien nuestras zapatillas blancas con su estrella azul (lo deben recordar los que lo usaron); unos ajustábamos bien nuestra mochila a la espalda, mientras el Cachimbas todo superado él; metía su cuaderno a la espalda, asegurado a su cincho.

Estábamos cerca al Mojón, el “racracho azul” aparecía ante nuestros ojos, estaba viniendo hacia Lamud, estaba a la altura del Misho. Pasaban 10 minutos y el micro tenía un lento andar, siempre era así: “Más lento es ese rachacho” gritaba la Rata. Todos nos reíamos, jajajajaja.

A 10 metros de nosotros, el vivísimo del chofer, empezaba a pisar el acelerador a fondo. YA NOS CONOCÍA, sabía que nos íbamos a colgar en su escalera de atrás para que nos jale al colegio. ¡Muchachos, NO medíamos el peligro! Empezaba a acelerar su unidad y nosotros empezábamos a correr tras del “racracho azul”. “Corran racashos dañaos”, nos gritaba el Pashcarillo, el muchacho que corría más, a pesar de tener esas garotas (zapatos colegiales) desgastadas. El carro corría como nunca, sólo porque el chofer NO nos quería subir y nosotros atrás como locos queriendo alcanzarlo. ¡UNA LINDA AVENTURA!

Pashcarillo alcanza la escalera y se sube. “Corre pulguita, ya llegas me decía, corre más”, yo también corría (me defendía) porque inclusive participaba en 100 metros planos en el Colegio. La Rata con sus patitas cortas, corría lo que más podía, lo ayudábamos con nuestros brazos para alcanzar al racracho y se subía. A veces Nicovita y mi hermano alcanzaban subir, otras veces no.

El que poco corría (casi nada), el Cachimbas, casi nunca sentía el regocijo estudiantil de llegar a su colegio en un micro, aunque sea colgados de él. Nosotros lo esperábamos en el Colegio, mientras el caminaba “suda suda” en esa carretera con fortísimo sol. Aunque nos decía al llegar: “Creen que soy cojudo, me demoré porque entré a la tía de la loma, a tomar una jarrita de chicha”, todos nos reíamos.

Veo esta foto y me trae el recuerdo de mis tiempos estudiantiles de secundaria en mi Colegio Blas Valera. Este ómnibus, el “racracho azul”, formó parte de nuestras vidas, formó parte de nuestras aventuras, formó parte de nuestros sueños colegiales. Hoy lo veo y al recordar esta historia, me caen lágrimas, pero a la vez sonrío al recordar esa etapa hermosa de nuestra vida con los grandes amigos: el Pashcarillo, la Rata, el Cachimbas, el Nicovita, mi hermano y el “RACRACHO AZUL”