martes, 5 de mayo de 2026

 LAS "PATALETAS" DE FRAUDE EN LA DERECHA PERUANA


En el fragor del escrutinio de las elecciones generales de Perú 2026, la frase que resonó con más fuerza en los pasillos del poder no fue un plan de gobierno ni una promesa de estabilidad, sino una palabra que buscaba DESLEGITIMAR el proceso democrático: "FRAUDE". La candidatura de Rafael López Aliaga (autodenominado Porky), ha estado marcada por una narrativa persistente de denuncias de fraude. Una estrategia antidemocrática que ya lo viene “narrando” su opositora y socia política, Keiko Fujimori, cada vez que pierde; y que en realidad es una característica de las Derechas Brutas y Achoradas (DBA) de Latinoamérica, cada vez que tienen un traspiés electoral, cada vez que el pueblo los DA LA ESPALDA en las urnas.

Porky, ya venía manifestando fraude, semanas antes de la elección, cuando vio que su sostenido liderazgo en las encuestas, iba cayendo estrepitosamente. La noche de las elecciones, conforme avanzó el conteo de votos, particularmente de las zonas rurales donde su oponente Roberto Sánchez tiene mayor arraigo, el líder conservador, activó un discurso conocido en la política contemporánea de la derecha latinoamericana: LA DENUNCIA MASIVA SIN SUSTENTO TÉCNICO DE FRAUDE.

En conferencias de prensa, el candidato Aliaga exigió la anulación de más de 4500 actas electorales, argumentando la existencia de "votos fantasmas" y un supuesto "daño internacional fatal". Su exigencia llegó al extremo de condicionar su eventual juramentación como senador a que el JNE acceda a sus peticiones, condicionamiento que fue rechazado de plano por el tribunal electoral tras un análisis técnico-jurídico. Este domingo en un Programa Dominical afirmó que NO juramentará como Senador porque no avalará el supuesto fraude: ¿LO CREEMOS?, indudablemente NO, solo con mirar sus declaraciones y acciones pasadas.

La respuesta desde el bando adversario fue inmediata. Roberto Sánchez, el candidato de izquierda que pasó a segunda vuelta, ha venido rechazando la existencia de dicho Fraude; sobretodo sabiendo que todas las instituciones del Perú han sido tomadas por el Pacto Mafioso de un Congreso dominado por partidos de derecha. Entonces cómo se podría entender que la izquierda sea la fuerza política del SUPUESTO FRAUDE, si no tiene ningún tipo de poder de influencias en las instituciones del Estado. Por el lado de la candidata Fujimori, NO existe ningún pronunciamiento al respecto porque sabe ella que fue la que INICIÓ injustificadamente con estas narrativas antidemocráticas de fraude, y sabe que, SI SALE DERROTADA en esta segunda vuelta contra Sánchez, acudirá nuevamente a la VIEJA CONFIABLE de gritar ¡FRAUDE!

En su intento por movilizar a sus bases, López Aliaga recurrió a un lenguaje beligerante y grosero, llamando a sus seguidores a la "insurgencia civil", "incendiar la pradera”, insinuar con la sexualidad del titular electoral o hasta solicitar un golpe de estado por parte de militares. En cambio, si este lenguaje beligerante acompañado de protestas contra los hogares de los funcionarios e instituciones electorales, hubiese sido AZUZADA por candidatos o personajes de izquierda, téngalo por seguro que ya estarían INVESTIGADOS, sus hogares ALLANADOS por la fiscalía y la policía metiéndoles PALOS Y BALAS.

El accionar de Rafael López Aliaga refleja un patrón conocido en líderes populistas de derecha que prefieren culpar a un "complot" antes que aceptar la derrota electoral, cayendo muchas veces estos candidatos y sus seguidores, en posturas CLASISTAS y RACISTAS, menospreciando el voto de zonas rurales o insultando a candidatos con quinto de primaria o secundaria pero que constitucionalmente llegaron a ser senadores o diputados. En el Perú la evidencia de las últimas elecciones es que existe un manifiesto natural de que el voto rural hacia la izquierda siempre ha sido clave para dar el BATACAZO en elecciones populares.

La evidencia de las últimas elecciones sugiere que la única "anomalía” son los problemas logísticos típicos de un país donde siempre hubo este tipo de problemas. Al final, López Aliaga no solo perdió la elección; al abrazar la teoría de la conspiración, sino que arriesga su capital político futuro. En la política peruana, el victimismo no asegura escaños; y las "pataletas" electorales, como se ha visto en el pasado reciente, suelen terminar en el archivo del olvido o, peor aún, en el aislamiento político; pero el peligro real que deja esta narrativa, en un país donde la ciudadanía ha visto pasar a ocho presidentes en una década, es LEGITIMAR la idea de un fraude sin pruebas, que conlleva a PROFUNDIZAR LA FRAGILIDAD del sistema democrático e institucional.