LAS "PATALETAS" DE FRAUDE EN LA DERECHA PERUANA
Porky, ya venía manifestando fraude, semanas
antes de la elección, cuando vio que su sostenido liderazgo en las encuestas,
iba cayendo estrepitosamente. La noche de las elecciones, conforme avanzó el
conteo de votos, particularmente de las zonas rurales donde su oponente Roberto
Sánchez tiene mayor arraigo, el líder conservador, activó un discurso conocido en
la política contemporánea de la derecha latinoamericana: LA DENUNCIA MASIVA SIN
SUSTENTO TÉCNICO DE FRAUDE.
En conferencias de prensa, el candidato Aliaga exigió
la anulación de más de 4500 actas electorales, argumentando la existencia de
"votos fantasmas" y un supuesto "daño internacional fatal".
Su exigencia llegó al extremo de condicionar su eventual juramentación como
senador a que el JNE acceda a sus peticiones, condicionamiento que fue
rechazado de plano por el tribunal electoral tras un análisis técnico-jurídico.
Este domingo en un Programa Dominical afirmó que NO juramentará como Senador
porque no avalará el supuesto fraude: ¿LO CREEMOS?, indudablemente NO, solo con
mirar sus declaraciones y acciones pasadas.
La respuesta desde el bando adversario fue
inmediata. Roberto Sánchez, el candidato de izquierda que pasó a segunda vuelta,
ha venido rechazando la existencia de dicho Fraude; sobretodo sabiendo que
todas las instituciones del Perú han sido tomadas por el Pacto Mafioso de un
Congreso dominado por partidos de derecha. Entonces cómo se podría entender que
la izquierda sea la fuerza política del SUPUESTO FRAUDE, si no tiene ningún
tipo de poder de influencias en las instituciones del Estado. Por el lado de la
candidata Fujimori, NO existe ningún pronunciamiento al respecto porque sabe
ella que fue la que INICIÓ injustificadamente con estas narrativas
antidemocráticas de fraude, y sabe que, SI SALE DERROTADA en esta segunda
vuelta contra Sánchez, acudirá nuevamente a la VIEJA CONFIABLE de gritar ¡FRAUDE!
En su intento por movilizar a sus bases, López
Aliaga recurrió a un lenguaje beligerante y grosero, llamando a sus seguidores
a la "insurgencia civil", "incendiar la pradera”, insinuar con
la sexualidad del titular electoral o hasta solicitar un golpe de estado por parte
de militares. En cambio, si este lenguaje beligerante acompañado de protestas
contra los hogares de los funcionarios e instituciones electorales, hubiese
sido AZUZADA por candidatos o personajes de izquierda, téngalo por seguro que
ya estarían INVESTIGADOS, sus hogares ALLANADOS por la fiscalía y la policía metiéndoles
PALOS Y BALAS.
El accionar de Rafael López Aliaga refleja un
patrón conocido en líderes populistas de derecha que prefieren culpar a un
"complot" antes que aceptar la derrota electoral, cayendo muchas
veces estos candidatos y sus seguidores, en posturas CLASISTAS y RACISTAS,
menospreciando el voto de zonas rurales o insultando a candidatos con quinto de
primaria o secundaria pero que constitucionalmente llegaron a ser senadores o
diputados. En el Perú la evidencia de las últimas elecciones es que existe un manifiesto
natural de que el voto rural hacia la izquierda siempre ha sido clave para dar
el BATACAZO en elecciones populares.
La evidencia de las últimas elecciones sugiere
que la única "anomalía” son los problemas logísticos típicos de un país donde
siempre hubo este tipo de problemas. Al final, López Aliaga no solo perdió la
elección; al abrazar la teoría de la conspiración, sino que arriesga su capital
político futuro. En la política peruana, el victimismo no asegura escaños; y
las "pataletas" electorales, como se ha visto en el pasado reciente,
suelen terminar en el archivo del olvido o, peor aún, en el aislamiento
político; pero el peligro real que deja esta narrativa, en un país donde la
ciudadanía ha visto pasar a ocho presidentes en una década, es LEGITIMAR la
idea de un fraude sin pruebas, que conlleva a PROFUNDIZAR LA FRAGILIDAD del
sistema democrático e institucional.

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