lunes, 6 de abril de 2026

 EL PÉNDULO ELECTORAL: ENTRE SEGUIR EN LO MISMO O LO CAMBIAMOS CON NUESTRO VOTO


A solo días de las elecciones generales del 12 de abril, nuestro país se encuentra en un punto de inflexión. Con más de 27 millones de peruanos convocados a las urnas para elegir Presidente, vicepresidentes, senadores, diputados y parlamentarios andinos, el país no solo define a sus próximos gobernantes, sino que intenta salir de una de las crisis políticas e institucionales más largas de nuestra historia reciente.

Esta campaña electoral ha estado marcada por un fenómeno clave: el poder transformador de los DEBATES PRESIDENCIALES. Lejos de ser un mero trámite, las seis jornadas de debates organizadas por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) han demostrado ser el termómetro definitivo de la campaña, reconfigurando por completo el tablero electoral, reduciendo drásticamente la indecisión ciudadana y haciendo que los que lideraban las encuestas durante meses, ahora se estén cayendo en la intención de voto.

Si bien una gran parte de peruanos no creemos en las encuestas, pero ellas han mostrado que los debates han sido el gran ordenador del voto. Las últimas encuestas post debates, muestran una caída del voto blanco/viciado del 40% al 16% en promedio, en menos de un mes; lo que evidencia que, los ciudadanos han encontrado en estos cara a cara los elementos para definir su preferencia.

Más allá de las cifras de las encuestas sobre los candidatos, el contexto y escenario social es el gran protagonista silencioso de estos comicios. Llegamos a las elecciones en un estado de “DEMOCRACIA HÍBRIDA” (esta democracia YA NO es democracia) y con niveles de desconfianza institucional alarmantes. Según reportes de la Defensoría del Pueblo, el país registra un promedio de 230 protestas mensuales (huelgas, bloqueos, marchas), evidenciando una tensión constante entre la ciudadanía, el Estado y las empresas.

El detonante de este malestar es múltiple. Por un lado, la inseguridad ciudadana se ha convertido en la principal demanda. El 68% de los peruanos consideramos al crimen, la extorsión y la violencia como el problema más grave, una cifra muy superior al promedio latinoamericano. Por otro lado, la corrupción sigue siendo una sombra omnipresente, alimentada por la percepción de que el Congreso actúa como una “coalición autoritaria”, un Pacto Mafioso que blinda sus propios intereses. Solo con recordar que entre el 2019 y 2023, la pérdida de dinero estatal por corrupción superó los 110 mil millones de soles, impactando sobre obras de salud, educación y transporte. 

Este clima de frustración y pesimismo ha moldeado el comportamiento electoral, tanto que apareció una Campaña del “POR ÉSTOS NO”, justamente por aquellos candidatos y partidos que, en un Pacto Destructivos, nos gobiernan desde el Congreso. Por eso considero en que el voto actual no es tanto ideológico como pragmático: los peruanos buscamos orden, seguridad y un antídoto contra la corrupción y el colapso institucional, lo que explica el ascenso de figuras que representan la “mano dura” o la renovación radical fuera del establishment.

Sin embargo, la sombra de la inestabilidad y desorden es larga, lo arrástranos tal cual: “Largo tiempo el peruano oprimido la ominosa cadena arrastró”. Nuestro Perú ha tenido una sucesión de presidentes y crisis de gabinete que han erosionado la fe en el sistema. Una permanente crisis que no comenzó en 2026, sino que es el resultado de un ciclo iniciado en 2016 con el DESCONOCIMIENTO DE RESULTADOS ELECTORALES Y EL POSTERIOR “PARLAMENTARISMO DE FACTO” que ha vaciado de poder al Ejecutivo.

La pregunta que flota en el ambiente político es si las elecciones del 12 de abril lograrán estabilizar el país o si, por el contrario, profundizarán la fragmentación. El crecimiento de candidatos outsiders y la resistencia de figuras tradicionales como Keiko Fujimori, plantean un escenario de polarización.

Lo que tengo claro es que, en un país donde los presidentes “caen” pero las estructuras de poder congresales se mantienen, el ganador de la presidencia ENFRENTARÁ EL DESAFÍO MÁS COMPLEJO de las últimas décadas: gobernar para una sociedad harta, en un Congreso fragmentado y con una credibilidad institucional en mínimos históricos, y todavía CON MÁS PODER ahora por su Senado. El 12 de abril, Perú no solo vota; decide si es posible reconstruir el puente entre la calle y los poderes que nos gobiernan desde el Gobierno y ahora el Parlamento Bicameral.

No hay comentarios: