COMUNISTA: EL “INSULTO” QUE DELATA LA MEDIOCRIDAD DEL INSULTANTE
El problema es que hablan LIGERAMENTE del Comunismo que NO conocen. Si
los preguntamos al azar a quien insulta con esa palabra, ¿qué responderá? Tal vez
diga que es "lo que pasó en la URSS", o "lo de Maduro, Venezuela
o Cuba", o "que te quiten tu casa o terreno". Frases hechas,
recortes de manual, lugares comunes que no resisten una pregunta simple que los
harías: ¿Has leído a Marx y Engels?
¿Sabes diferenciar Capitalismo, Socialismo y Comunismo? ¿Conoces la crítica de
la Escuela de Frankfurt? ¿Sabes qué es “El Manifiesto Comunista”?
Ante eso, generalmente, EL
SILENCIO QUE SIGUE ES ELOCUENTE, no te responden. Porque el Comunismo no es
un régimen, es un horizonte crítico, es una etapa histórica que NUNCA se ha
dado. No es un cartel de odio, es una pregunta incómoda: ¿por qué unos tienen tanto mientras otros carecen de lo mínimo? No
es una consigna, es un método para analizar las relaciones de poder, la
explotación, desigualdad y la alienación. Pero claro, ESO EXIGE ESTUDIO Y
LIBROS. Porque, ante esa ignorancia monumental, ES MÁS CÓMODO INSULTAR QUE LEER.
Quien te insulta como "Comunista" a menudo lo hace desde una
trinchera cómoda: LA DEL QUE NO QUIERE CAMBIAR NADA. Cualquier propuesta que hagamos
y que huela a justicia social; por ejemplo, subir impuestos a las grandes
fortunas, garantizar una sanidad y educación universal de calidad, regular las riquezas
o la explotación forestal, proteger al trabajador frente al despido, luchar
contra la pobreza y desigualdad, etc; somos tachados de rojetes, zurdos,
terroristas, socialistas, comunistas. No porque seas Comunista, sino porque INCOMODA
AL STATU QUO.
Ese es el recurso del perezoso
intelectual: ante la falta de razones, se apela al miedo. Y el miedo
siempre encuentra una palabra fácil. La idea es que, desde los grupos de poder
dominantes, se banalice el término para que cuando se haga un reclamo legítimo,
pueda ser desactivado con una etiqueta, entonces estamos renunciando al debate.
Los que realmente dicen cuando te califican, llaman o creen que te insultan con
la palabra COMUNISTA, sin saber qué significa, en realidad están mostrando su
IMPOTENCIA de que no saben cómo rebatirte, que prefieren el insulto al diálogo
o que repiten lo que otros dicen sin cuestionarlo.
Si nos llaman Comunista por defender una educación y salud pública de
calidad, por solidarizarte con pueblos excluidos y abandonados o por denunciar las
desigualdades y pobrezas de nuestro país, NO
HAY QUE ENOJARNOS: pregúntales con calma: ¿y eso qué significa para ti? ¿qué
es para ti Comunismo y cuáles son sus principios? Y ahí, en ese silencio incómodo, GANARÁS EL DEBATE.
Finalmente, el Comunista que ellos imaginan NO EXISTE. Es un fantasma
que construyeron para no enfrentarse a la complejidad del mundo. El verdadero
desafío no es defender una palabra, sino defender la capacidad de pensar sin
atajos. Insultar o calificar es fácil. Dialogar, difícil. Estudiar, trabajoso. Pero
solo lo difícil nos hace más libres.
Así que la próxima vez que nos llamen “Comunista”, SONRÍE. No por soberbia, sino porque sabes que quien te insulta sin
saber, ya ha perdido la discusión antes
de empezarla. No gastes energía en quien insulta por moda. La historia
juzgará no al que usó la palabra mal, sino al que calló cuando debía hablar. Si
te llaman Comunista por pedir un mundo más humano, asúmelo con orgullo. Y si te
insultan, responde con la única arma que les duele: saber más que ellos. Y recuerda siempre, EL CONOCIMIENTO NO SE INSULTA: SE CONSTRUYE.
