domingo, 6 de septiembre de 2026

 COMUNISTA: EL “INSULTO” QUE DELATA LA MEDIOCRIDAD DEL INSULTANTE


Cuando los que me dicen Comunista, creen “insultarme” yo pienso inmediatamente: “POR SUS IDEAS, JESÚS SERÍA EL PRIMER COMUNISTA”. Y es que vivimos en la era del ruido tecnológico, de la banalización informativa, del LIKE como premio a la satisfacción. En las redes, en las conversaciones de café, en los titulares de la prensa digital y mermelera, una palabra se repite como un latigazo automático: COMUNISTA. Se usa para cerrar debates, para descalificar sin argumentos, para etiquetar al que piensa distinto como si fuera un peligro. SE USA PARA “INSULTAR”. Y lo más triste es que la mayoría de quienes la esgrimen NO SABEN NI LO QUE SIGNIFICA, nunca lo han estudiado o por ahí leído en algún libro.

El problema es que hablan LIGERAMENTE del Comunismo que NO conocen. Si los preguntamos al azar a quien insulta con esa palabra, ¿qué responderá? Tal vez diga que es "lo que pasó en la URSS", o "lo de Maduro, Venezuela o Cuba", o "que te quiten tu casa o terreno". Frases hechas, recortes de manual, lugares comunes que no resisten una pregunta simple que los harías: ¿Has leído a Marx y Engels? ¿Sabes diferenciar Capitalismo, Socialismo y Comunismo? ¿Conoces la crítica de la Escuela de Frankfurt? ¿Sabes qué es “El Manifiesto Comunista”?

Ante eso, generalmente, EL SILENCIO QUE SIGUE ES ELOCUENTE, no te responden. Porque el Comunismo no es un régimen, es un horizonte crítico, es una etapa histórica que NUNCA se ha dado. No es un cartel de odio, es una pregunta incómoda: ¿por qué unos tienen tanto mientras otros carecen de lo mínimo? No es una consigna, es un método para analizar las relaciones de poder, la explotación, desigualdad y la alienación. Pero claro, ESO EXIGE ESTUDIO Y LIBROS. Porque, ante esa ignorancia monumental, ES MÁS CÓMODO INSULTAR QUE LEER.

Quien te insulta como "Comunista" a menudo lo hace desde una trinchera cómoda: LA DEL QUE NO QUIERE CAMBIAR NADA. Cualquier propuesta que hagamos y que huela a justicia social; por ejemplo, subir impuestos a las grandes fortunas, garantizar una sanidad y educación universal de calidad, regular las riquezas o la explotación forestal, proteger al trabajador frente al despido, luchar contra la pobreza y desigualdad, etc; somos tachados de rojetes, zurdos, terroristas, socialistas, comunistas. No porque seas Comunista, sino porque INCOMODA AL STATU QUO.

Ese es el recurso del perezoso intelectual: ante la falta de razones, se apela al miedo. Y el miedo siempre encuentra una palabra fácil. La idea es que, desde los grupos de poder dominantes, se banalice el término para que cuando se haga un reclamo legítimo, pueda ser desactivado con una etiqueta, entonces estamos renunciando al debate. Los que realmente dicen cuando te califican, llaman o creen que te insultan con la palabra COMUNISTA, sin saber qué significa, en realidad están mostrando su IMPOTENCIA de que no saben cómo rebatirte, que prefieren el insulto al diálogo o que repiten lo que otros dicen sin cuestionarlo.

Si nos llaman Comunista por defender una educación y salud pública de calidad, por solidarizarte con pueblos excluidos y abandonados o por denunciar las desigualdades y pobrezas de nuestro país, NO HAY QUE ENOJARNOS: pregúntales con calma: ¿y eso qué significa para ti? ¿qué es para ti Comunismo y cuáles son sus principios? Y ahí, en ese silencio incómodo, GANARÁS EL DEBATE.

Finalmente, el Comunista que ellos imaginan NO EXISTE. Es un fantasma que construyeron para no enfrentarse a la complejidad del mundo. El verdadero desafío no es defender una palabra, sino defender la capacidad de pensar sin atajos. Insultar o calificar es fácil. Dialogar, difícil. Estudiar, trabajoso. Pero solo lo difícil nos hace más libres.

Así que la próxima vez que nos llamen “Comunista”, SONRÍE. No por soberbia, sino porque sabes que quien te insulta sin saber, ya ha perdido la discusión antes de empezarla. No gastes energía en quien insulta por moda. La historia juzgará no al que usó la palabra mal, sino al que calló cuando debía hablar. Si te llaman Comunista por pedir un mundo más humano, asúmelo con orgullo. Y si te insultan, responde con la única arma que les duele: saber más que ellos. Y recuerda siempre, EL CONOCIMIENTO NO SE INSULTA: SE CONSTRUYE.